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La historia de un argentino que se exilió en México durante la dictadura

El relato de Alberto Salguero, quien debió dejar el país a los ocho años. Cómo fue el regreso y qué le quedó del país “Azteca”




Al conmemorarse 40 años del último golpe militar que vivió la Argentina, la embajada de México en el país realizó un acto homenaje, en el cual el biólogo Alberto Salguero dio su testimonio sobre cómo fue su exilio en el país “Azteca”.

“Fue muy impresionante ingresar nuevamente a esa casona, después de 40 años de no haberla querido ver. Esta invitación fue muy grata para mí, para mi familia y para todos los que estaban allí”, dijo el “argenmex” sobre su presencia en el edificio que, en la década del 70’, era la Embajada mexicana y donde se asiló por unos días en 1976 junto a otros 25 miembros de la familia Salguero-Vaca Narvaja, antes de exiliarse.

Sobre esos días de 1973 que pasó en la casona, recordó: “Éramos 26 personas que ingresamos a la embajada de México, donde actualmente es el consulado. Éramos 13 mayores y 13 menores. Entre los más pequeños estaba Hugo, actual federal en Córdoba, y el más pequeño era Ramiro, tenía tres meses. Yo tenía ocho años”.

“Eran momentos angustiantes. Entramos a la Embajada el 23 de marzo, horas antes del golpe militar. Nosotros lo mirábamos como niños. Los adultos nos lo explicaban de la mejor manera posible, pero nosotros lo veíamos hasta como un juego. Con el tiempo, comenzamos a tomar conciencia de que nuestra salida de la Argentina no iba a ser sencilla y que nuestro retorno no iba a estar nunca definido”, relató.

La familia Salguero- Vaca Narvaja habitó durante diez días en un ático de la antigua casona, con salidas transitorias hacia el jardín, a través de una puerta de servicio.

“El día que fuimos a México fue como un episodio de película: ingresaron cinco coches, subimos todas las familias hacia Ezeiza a las 11 de la noche con diplomáticos mexicanos y rodeados de policía mexicana. Iban deteniendo el tráfico a nuestro paso. Se veían chispas alrededor, porque los soldados colocaban las bayonetas hacia el pavimento y sacaban a la gente que estaba a nuestro alrededor”, contó Salguero al programa “Con X de México” en Radio Arinfo.

Tras una escala en Miami y otra en Nueva Orleans, los exiliados llegaron finalmente al DF. “Era una ciudad gigantesca, enorme en cuanto a tamaño, a dimensiones, a las luces. Llegué con la expectativa de un niño de ocho años, pensando en ver todo lo que se veía en la TV, pero no fue así. Culturalmente, nos tuvimos que acomodar a la riqueza de la cultura mexicana: desde los sabores, las comidas y los olores hasta la altura. Nos mareábamos y nos descomponíamos al principio”, señaló el biólogo.

En ese plano, apuntó que su “primer shock” fueron los alimentos: “La comida mexicana no era muy conocida para nosotros y tenía el clásico chile. Al principio, se hacía difícil comerla, pero después se hizo un vicio. Vivíamos en el hotel Versalles, que pagaba el gobierno mexicano a los exiliados políticos, y nuestro principal alimento era el desayuno al principio. Cuando aprendimos a comer picante, cambió absolutamente nuestra conducta”.

“Mi mejor recuerdo es cuando pudimos salir del hotel y tener una vida relativamente normal. Pudimos conformar nuevamente nuestro núcleo familiar en un departamento. Recuerdo ese primer almuerzo en un espacio propio, donde pensamos qué nos deparaba el futuro”, expresó.

La familia Salguero-Vaca Narvaja volvió de su exilio en 1982, antes de la guerra de Malvinas. Para Alberto, fue “mucho más desgarrador” volverse de México que irse de Argentina: “Toda mi vida ya era más mexicana que argentina. Mi lugar, mi espacio y mis verdaderos amigos son los que están en México por las situaciones vividas en ese período”, aseguró.

Finalmente, el hincha del Cruz Azul, habló del lugar que hoy ocupa México en su vida: “Es parte mía, está presente siempre y siempre lo estará. Mi casa está decorada con artesanías mexicanas. Siempre se habla de México, siempre está presente. Mis hijos pudieron viajar hace unos años y revivimos comidas y situaciones. Ellos se sienten incluidos dentro de la propia historia familiar”.

“En reuniones familiares siempre hay tacos y cantamos “Las mañanitas”, que es más lindo que el feliz cumpleaños. México es el país al que le debemos nuestra vida y le debemos todo”, concluyó Salguero desde los micrófonos de Radio Arinfo.

 


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