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¿Por qué se eligen relaciones que duelen?

La Lic. Patricia Faur analiza el origen de las parejas conflictivas, las compara con las adicciones al alcohol o a las drogas y brinda consejos para salir del círculo de la violencia




 “El dolor como tal no es característica del buen amor. Es característica del amor patológico, obsesivo o tóxico”, plantea con seguridad la Lic. Patricia Faur.

En esa línea, la psicóloga detalló de la palabra “Pasión”, en su etimología, habla del dolor ya que el Pathos tiene que ver con la enfermedad. “Los griegos consideraban que la pasión era una enfermedad y en la actualidad podemos decir que lo es. Hoy, por las neurociencias, sabemos que el estado de enamoramiento es un estado alterado, como una borrachera química, una ceguera”, apuntó.

Faur afirmó que elegir “amores que duelen” es algo que tiene que ver con la historia personal, con los hogares disfuncionales. Las personas que provienen de esos ámbitos, emergen a la vida adulta con “una gran carencia afectiva y desamparo emocional”. “En el afán de buscar lo que no tuvieron, lamentablemente encuentran lo que tuvieron, lo que repiten”, sostuvo.

De todas maneras, la profesional recalcó que la “infancia no es un destino” y que “se puede torcer el camino a lo largo de la vida, con trabajo y esfuerzo”. “No necesariamente uno debe repetirlo por siempre. Si uno es consciente de su vulnerabilidad, no lo repite”, rescató.

“Es importante saber que uno es vulnerable a algo. Por ejemplo, a las relaciones adictivas: a enamorarme de alguien y tener con esa persona una relación conflictiva a la que utilizo como si fuera sustancia para refugiarme de otro dolor. En esos casos, seguramente yo elija al peor. Al que tiene narcicismo, que no sabe amar a nadie, que se ama demasiado a sí mismo, que no le importa el otro, que no es empático, que no registra las necesidades de los demás. Con esas personas, una va derecho al desamor. El tema es que esa persona deslumbra, sabe hacer buen marketing de sí mismo. Son personas que yo llamo ‘lusionistas’: muestran mucho, pero debajo no hay nada. En cambio, las buenas personas, no son tan llamativas porque son más humildes: no muestran casi nada y tienen mucho para dar. Hay que darse el tiempo para conocerlas”, explicó la psicóloga, quien coordina un grupo gratuito para mujeres con dependencias afectivas.

En diálogo con “Con ojos de mujer” por Radio Arinfo, Faur, precisó que a la mujer falta de autoestima y desvalorizada le va a llamar la atención alguien a quien “le sobra narcicismo y solo se quiere a sí mismo”. De esa manera, ella se va a asentir valiosa porque él la eligió.

Aún así, evitó definir a ese tipo de mujeres como masoquistas o insatisfechas y aclaró que “una persona que es depresiva o está muy angustiada, no afronta bien sus emociones. Entonces, una relación conflictiva le sirve casi como una botella: la distrae del dolor, le genera un desafío que una relación normal no genera”.

La psicóloga y autora del libro “Amores que matan” comparó a las relaciones conflictivas con adicciones como el cigarrillo, el alcohol o la cocaína.

“El primer día que conocemos a alguien, toda la información está ahí. Es como si viéramos su ADN. A veces nos engañamos. Si es violento, alcohólico o narcisista, todo se ve ese primer día. El tema es que yo voy a deformar los rasgos que no me gusten para que se acomoden a algo bueno, así protejo esta ilusión de haberme enamorado. Con el paso del tiempo, se ve la realidad y, en lugar de irme, pienso que lo puedo cambiar para que vuelva a ser el de la ilusión”, reflexionó.

Asimismo, Faur, resaltó que “no se puede negociar” con la violencia, la descalificación, los celos patológicos, la explotación y la manipulación. “El amor no se puede comprar, no hay estrategias que valgan. El amor es un regalo y el otro nos ama o no”, aseveró.

Finalmente, comentó que las relaciones funcionan bien cuando las personas “son independientes, autónomas, están bien con su propia vida y el amor del otro le agrega felicidad”. En cambio, la relación tóxica es cuando “sentís que el otro te da la vida y, si no te la da, te la quita. Tenés abstinencia, sentís que te morís”.

“Está la creencia de que lo que pasa en los tres primeros meses es lo que hay que sentir toda la vida, pero eso se acaba. Luego, con suerte, surge un buen amor con el que uno puede vivir toda la vida: se siente algo más profundo, más tierno y menos loco. Hay gente que necesita sentir la locura siempre y por eso busca relaciones conflictivas”, concluyó la psicóloga desde los micrófonos de Radio Arinfo. 
 
 
 


Escuchá "Con ojos de mujer" los martes de 14 a 15 horas por www.arinfo.com.ar

 


 
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