El Tai Chi, una disciplina ancestral

Un docente explica los orígenes de esta técnica milenaria china y habla de las distintas variantes que adquiere en la actualidad





Héctor Martínez se formó en una escuela tradicional de Tai Chi y, luego de cumplir varias condiciones, se transformó en instructor. Años más tarde, fundó varias sedes de práctica, con el fin de compartir “este arte tan bello y tan magnífico”, según sus propias palabras.

“Viéndolo de afuera, muchos se creen que se trata de una danza o de un baile, porque es algo armonioso y plástico, pero en realidad Tai Chi es el apócope de un arte marcial, que es el Tai chi chuan, originario de China. Se trata de una técnica que tiene miles de años y cuyos orígenes son las gimnasias taoístas que practicaban las dinastías de 2500 años antes de nuestra era”, explicó el fundador del grupo Tai Chi del Encuentro.

Respecto a estos orígenes, precisó: “Todos nacemos con una energía llamada Chi, que se va extinguiendo con el correr de los años y, cuando desaparece, morimos. Este chi se puede cultivar y se alimenta con el aire o el hálito divino. Los sabios descubrieron que con estas prácticas gimnásticas se regeneraba el chi y se lograba extender el tiempo de vida de esa energía”.

“Los emperadores querían llegar a ser inmortales y descubrieron que los sabios practicantes de este tipo de artes tenían una muy buena salud y longevidad. Entonces, las empezaron a realizar”, agregó.

Sobre las vinculaciones del Tai Chi con las artes marciales, Martínez comentó: “Hubo un período de evolución de esta gimnasia taoísta, que sufrió y se enriqueció con cambios. China tiene una historia guerrera sangrienta complicada, por lo que sus pueblos debían defenderse. Los militares desarrollaron técnicas para esto y, entre ellos, siempre había una persona que conocía disciplinas marciales sumamente efectivas”.

“También cuenta la leyenda que uno de los sabios observó animales en la naturaleza con movimientos específicos y determinados de cada uno. Entonces, los tomó y entendió que servían para aplicarlos a diferentes luchas o combates. Así, se desarrollaron técnicas específicas que se destacaron en tropas militares. Pasaron muchos años y se dieron cuenta que quienes practicaban estas técnicas también tenían muy buena salud”, señaló.

En diálogo con “La hora positiva” por Radio Mente Libre, el docente de Tai Chi continuó: “En China se dieron cuenta de que la práctica de la gimnasia taoísta, sumada a las técnicas marciales, hacían a personas muy poderosas que, si se iluminaban espectralmente, no buscaban la pelea, sino evolucionar. Entonces, se crearon familias y pequeños pueblos que evolucionaron las técnicas en secreto, sin divulgarlas, y crearon distintos estilos. Aún así, siempre se filtró algo”.

“La revolución política y social en China, cerca del 1900, llevó a unificar a la sociedad. Eso también pasó con las artes marciales, ya que se intentó terminar con las luchas callejeras para determinar quién era el mejor, organizando competencias oficiales y eso derivó en una estandarización”, repasó.

Martínez se formó con maestros que le enseñaron las fórmulas antiguas y tradicionales del Tai Chi, que no son las que prevé la estandarización. “Pero como el Tai Chi es movimiento, no podemos quedarnos en lo antiguo, hay que aprender lo nuevo también”, consideró.

Actualmente, el docente hace cursos permanentes con instructores e instructoras de la nueva etapa y pretende lo mismo para sus propios alumnos, que aprendan tanto lo antiguo como lo nuevo, y que también se introduzcan en las formas mixtas que mezclan lo mejor de los distintos estilos.

“En una clase, el maestro busca transmitir, enseñar y hacer que lo que aprendió favorezca a todo el que quiera practicar Tai Chi. Se explica lo básico, lo más sencillo, y se espera que la persona madure y que, de a poco, vaya entendiendo. En la medida de su progreso personal, aprende”, planteó desde los micrófonos de Radio Mente Libre.

En ese marco, destacó: “Se trata de utilizar la energía que el cuerpo toma y desprende. Se genera un crecimiento y una armonía psicofísica en la persona. De a poco, mejora su ser interior y su ser exterior y descubre que puede hermanarse con otros seres de una forma más armónica”.

“Siempre hay que rehuir al combate. Por más que uno sepa todas las técnicas con gran precisión, es mejor evitar usarlas. Si hay que aplicarlas, debe ser de una manera definitoria. No aprendemos esto para combatir”, concluyó Martínez.
 


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