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La comunidad judía recibió al año 5777

La rabina Silvina Chemen habla de las costumbres de la celebración y de los desafíos que presenta el nuevo año




La comunidad judía recibió el año 5777. Se trata de un número simbólico, que refiere al tiempo transcurrido desde la creación del mundo.


“Rosh Hashaná son días de muchísima introspección, de búsqueda. Son llamados los días del juicio ya que simbólicamente somos juzgados por lo que fuimos en este mundo desde aquel día de la creación. Somos interrogados acerca de qué hicimos con el mundo perfecto que se nos dio, tenemos que dar cuenta de ello. En las plegarias revisamos qué hicimos con la naturaleza, con los vínculos, con nuestro cuerpo y con las sociedades a las que pertenecemos”, explicó la rabina Silvina Chemen y precisó que el calendario judío tiene meses lunares, por lo que sus ciclos son más cortos respecto del año solar.


La líder religiosa de la comunidad Bet-el del barrio de Belgrano detalló que el número 7 es el de la completud, el del proceso completo. “Implica que renuevo mi compromiso de cada año a ser mejor persona y revisar mis procesos”, agregó.


En diálogo con “Aquí la 13” por Radio Arinfo, Chemen contó que no hay una sola manera de poner la mesa en la celebración familiar de Rosh Hashaná: “De acuerdo a dónde nuestros abuelos pudieron asentarse y vivir judaicamente, se desarrollaron distintas costumbres”.


La manzana con miel es uno de los símbolos más fuertes de la festividad. Sobre su significado, la rabina señaló: “Es porque deseamos que todo lo que traiga al año como fruto pueda ser dulce. Se dice shana tová u metuká, que quiere decir que tengas un año bueno y dulce. Además, la miel es la presencia de conciencia porque es el alimento más dulce de la naturaleza pero la abeja tiene un aguijón que hace daño. Entonces, tenemos que tener conciencia de las dulzuras, pero también de los aguijones que proponemos o que nos pueden picar en la vida”.


Sobre la jalá redonda (el pan), dijo: “Concebimos el tiempo como cíclico, no como líneas. Tenemos una visión circular del tiempo, del texto, de la historia. No hay un destino que termina en algún punto. La conciencia de vivir en círculo nos permite sostenernos en las alegrías, pero fundamentalmente saber que cuando viene un momento de dificultad, tragedia o adversidad, se nos garantiza que en algún momento el círculo da la vuelta, que no hay algo predeterminado de gente con suerte o gente sin suerte”.


“En el año nuevo tenemos la posibilidad de volver a foja cero en aquellos aspectos en que no nos sentimos orgullosos de nosotros mismos ni plenos. Nadie tiene la obligación de arrastrar maneras de vivir o vincularidad con otros que no le de orgullo y plenitud. Haciendo un trabajo fuerte de introspección, uno puede acercarse de quién se alejó, darle tiempo a quién se lo quitó, cuidarse más el cuerpo cuando uno se acordó de que existía y recomenzar de nuevo. Cada año uno renace. La expectativa no es tener un buen año, sino no haber vivido en vano el tiempo que nos toca en esta tierra”, concluyó Chemen desde los micrófonos de Radio Arinfo.


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