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El paso del secundario a la universidad: una etapa de conflictos

Muchos alumnos registran serias dificultades a la hora de insertarse en la educación superior. El análisis de la investigadora Lidia Galagovsky




Existe un gran número de alumnos que, a pesar de haber logrado egresar de la escuela secundaria, no logra adaptarse a los requerimientos de la universidad. Muchos jóvenes registran serios problemas a la hora se insertarse educativamente en la educación superior.

“Antes, la universidad era para una élite. Los estudiantes secundarios se formaban con rigurosidad en contenidos que iban a ser requeridos luego para el ingreso a universidades. Había un entrenamiento en la escuela secundaria y luego un año de curso de ingreso a la universidad que tenía el objetivo de nivelar para poder pasar a etapa que no era masiva”, recordó la Dra. en Ciencias Químicas de la UBA e investigadora Lidia Galagovsky.

La docente planteó que hoy la situación cambio: la escuela secundaria es “para todos y todas”, mientras que la universidad sigue siendo muy tradicional. “Los recursos humanos ingresantes están formados con otros objetivos, que no son los de hace 30 años”, sostuvo.

“Pedagogos y analistas de política educativa dicen que la sociedad cambió. Las posibilidades cognitivas y de desempeño de los jóvenes actuales son muy diferentes a aquellas que teníamos los que éramos jóvenes hace 30 años. Esa nostalgia nos impide ver que hay otras posibilidades, otros caminos, otras necesidades, otra sociedad y habrá otras formas para llegar a los objetivos que nos pongamos. A veces la nostalgia nos paraliza y hace que los docentes echen la culpa al alumno que no viene preparado como antes. Eso ya no sucede porque los docentes, los diseños curriculares y la sociedad tienen otros objetivos para los jóvenes”, analizó en diálogo con “Ojos Abiertos” por Radio Arinfo.

En esa línea, Galagovsky cuestionó quién se hace cargo de la brecha que se genera entre las capacidades que da la escuela secundaria actual y las que requiere el aún vigente modelo universitario tradicional.

Asimismo, hizo hincapié en la motivación a los jóvenes: “El ‘Para qué tengo que aprender esto’ es la pregunta del millón de los estudiantes secundarios. El problema es que los docentes nunca nos preguntamos para qué aprendimos esto. Entonces, al docente que está en ejercicio, que está corriendo de una escuela a la otra y que no se encuentra con otros colegas ni tiene trabajo interdisciplinario, se lo arrincona solo contra la pared de la escuela con esa pregunta. Los pobres docentes lo viven como una presión acuciante de los jóvenes que se rebelan. El docente no está cómodo ante esta situación”.

“Esto antes no se cuestionaba. Uno tenía que estudiar porque tenía que estudiar, porque te vendían que estas habilidades te aseguraban el ingreso a la universidad y un título que aseguraba el trabajo. Ahora, estas condiciones cambiaron. Eso de ‘Para qué estudiar’ es una pregunta que no está respondida ya que la escuela secundaria viene de una tradición en la que no se cuestionaba el para qué”, agregó.

Finalmente, la docente afirmó que “no hay recetas y hay muchos interrogantes” a la hora de responder a estos cuestionamientos de los alumnos.

“La investigación educativa es la propuesta para acompañar a los docentes, que son los que ponen la cara en el sistema”, concluyó desde los micrófonos de Radio Arinfo.

Más información: www.ccpems.exactas.uba.ar
 

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