Tenía cáncer y le ganó un juicio a la empresa que la echó por “no lucir bien”

La historia de Gisela Ferrero Petry, quien logró que un tribunal aplicara la Ley de Violencia de Género en un caso laboral




En septiembre de 2013, a Gisela Ferrero Petry le detectaron cáncer de mama, por lo que debió hacer un tratamiento de radioterapia y quimioterapia. Como consecuencia de esa terapia, quedó pelada, sin cejas, sin pestañas, con un color distinto en su piel e hinchada. A raíz de que su aspecto físico había cambiado, a Gisela la despidieron de su trabajo.

“En ese momento tan particular de mi vida, cuando más necesitaba mi trabajo, me echaron porque no tenía un aspecto saludable, aún cuando estaba haciendo un tratamiento para curarme”, aseguró la mendocina.

En diálogo con “Las voces del silencio” por Radio Arinfo, Gisela contó su historia con todos los detalles: “En julio del 2011 comencé a trabajar para el grupo empresario del señor Carlos Martín, que tiene dos grandes concesionarias en Mendoza y una en San Luis. Yo era jefa de sector y tenía gente a cargo. Trabajaba para Full Rapid SA, que es la empresa que brinda soporte a los tres concesionarios y, desde ella, desarrollaba tareas para las tres marcas. Estaba en una oficina en la sucursal de Mendoza”.

“En septiembre de 2013 me tuve que someter a operación de mastectomía, la amputación del seno izquierdo, porque me diagnosticaron cáncer de mama. Me recuperé de la cirugía y volví a trabajar. Por consejo de mis médicos y de mi psicólogo, decidí continuar trabajando para focalizar mi atención en otra cosa que no fuera que tenía cáncer. En diciembre los médicos me indicaron comenzar quimioterapia y me ausentaba al trabajo el día de la sesión solamente porque son tratamientos muy fuertes y se recomienda hacer reposo”, continuó.

Gisela hizo tres sesiones de quimioterapia y, en enero de 2014, fuera de su horario laboral, la llamaron a su teléfono corporativo y le pidieron que fuera al concesionario para hablar algo urgente: “Nunca me imaginé lo que iba a suceder. Pensé que, como jefa, querían hablar de algo del sector pero, cuando llegué, me estaban esperando en Recursos Humanos y me dijeron que, como yo no estaba de licencia, no estaba enferma y, como no estaba enferma, ellos me tenían que dar el mismo trato que a cualquier trabajador. Me comentaron que se habían asesorado con sus abogados y que el señor Carlos Martín había decidido que no quería trabajar más conmigo. Por lo tanto, me despidieron. Me quedé en la calle. Sin trabajo, sin medicina prepaga y sin tratamiento médico. Solo atiné a decir que tenía cáncer, que no me podían dejar sin prepaga”.

“Fue una locura. Estaba sumamente shockeada y muy preocupada por mi salud. Utilicé mi poco dinero de la indemnización para pagar la prepaga porque no quería quedarme sin tratamiento médico. Se me acabó el dinero y los ahorros. No podía volver a trabajar, y tuve que recurrir a familia y amigos. Si no los hubiera tenido, me hubiera muerto”, sostuvo la mendocina.

Todos los abogados que Gisela consultaba le contestaban que la Ley de Contrato de Trabajo avalaba a la empresa ya que era cierto que, si un trabajador no está de licencia, no está enfermo. Finalmente, la mujer llegó a la Dra. Carolina Jacky, quien le dijo que entendía que era un claro caso de discriminación y violencia de género. Recientemente, la Justicia les dio la razón en su demanda por daño moral, discriminación y violencia de género. La empresa debe, entonces, pagar por su tratamiento médico.

“Es la primera vez en la historia de la Justicia argentina que la cámara laboral falla, no apoyándose en las leyes de contrato laboral, sino en la nueva ley de violencia de género y discriminación”, precisó Gisela, quien reconoció que fue “muy estresante” y “agotador” tener que demostrar en un juicio que “estaba luchando por su vida”.

La mendocina acusó crueldad y falta de humanidad por parte de la empresa: “No tenía apercibimientos, quería seguir trabajando a pesar de mi enfermedad. Yo no atendía al público. Solo pasaba por el salón de la concesionaria al entrar y salir hacia mi oficina. Eso les molestaba, los condicionaba. No tuvieron reparo en hacer la cosa más insólita: dejar a una persona sin trabajo y sin medicina prepaga en el peor momento de su vida”.

“En este tiempo he recibido mucho apoyo y mensajes de personas a las que les pasó lo mismo. Es increíble que haya gente tan cruel, tan deshumanizada”, dijo Gisela y contó que desde la empresa del Grupo Martín aún no se contactaron con ella. “Hay un desinterés total”, disparó.

Hoy, Gisela sigue haciendo radioterapia y está en proceso de una reconstrucción mamaria. Aún no trabaja. “No podía ir a una entrevista laboral así, era obvio que nadie me iba a tomar”, expresó desde los micrófonos de Radio Arinfo.

Finalmente, dejó un mensaje de esperanza: “Sigo luchando contra la enfermedad, ya me queda poco para estar en condiciones de comenzar a trabajar. El tratamiento me deterioró en mi aspecto físico, pero nunca en mis ganas ni en mi lucha ni en mi ánimo. Quiero aportar un mínimo granito de arena para que nunca más nadie pase por lo que yo he pasado, que es tremendo”.



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