Un acercamiento académico a la experiencia de las empresas recuperadas

El programa Facultad Abierta de la UBA investiga y acompaña estos procesos de autogestión liderados por los trabajadores




Andrés Ruggeri es un antropólogo social de la UBA, especializado en investigación, apoyo y asesoramiento a empresas recuperadas por los trabajadores. Su interés por la temática comenzó en el año 2002, luego de la crisis social del 2001 y de que las empresas recuperadas fueran visibilizadas. Aunque estas ya existían, el contexto de aquel entonces las convirtió en un movimiento más amplio y reconocido.

“En la facultad de Filosofía hubo un cambio en la gestión y pudimos formular el programa Facultad Abierta, con el objetivo de vincularnos con movimientos sociales y organizaciones. La idea era darle un sentido social al trabajo académico que se hace en la universidad. Entramos en contacto con el IMPA, que es una de las más conocidas empresas recuperadas. Se trata de una fábrica metalúrgica de Almagro que estaba en funcionamiento hace tres o cuatro años en ese momento y que era la cabeza visible del movimiento nacional de empresas recuperadas que comienza a organizarse por ese entonces. Finalmente, terminamos concentrando todo el trabajo del Programa en el movimiento de empresas recuperadas y, en el 2002, comenzamos a participar de las organizaciones, a apoyar y a generar trabajo de investigación para conocer más al movimiento y para generar conocimiento que fuera utilizable por los propios trabajadores”, contó Ruggeri, quien hoy es el Director del Programa Facultad Abierta.

Cuando iniciaron la experiencia, no había investigación ni marco teórico sobre el tema de las empresas recuperadas. La autogestión como proceso de los trabajadores, social y económico tenía mucha historia, pero muy poco desarrollo teórico, mucho menos desde el campo de la antropología o la sociología.

En ese marco, Ruggeri criticó la tendencia a la ‘exotización’ de la metodología antropológica: “Nosotros partimos del compromiso político y social con los trabajadores. El trabajo de investigación, los conceptos que se desarrollan y la teoría buscan aportar al desarrollo del movimiento y no a verlo como una cosa extraña o como un objeto de análisis puramente abstracto”.

“Por eso definimos a la empresa recuperada y la autogestión como el proceso mediante el cual una empresa, que era una unidad económica productiva o de servicios capitalista privada, atraviesa un proceso de transformación hasta convertirse en una empresa colectiva, gestionada por sus trabajadores. No importa demasiado si es una cooperativa o no. Tampoco si es una toma, una ocupación, un abandono o un arreglo con dueños anteriores”, explicó en diálogo con “C7 Radio” por Radio Arinfo.

A la hora de hablar de los antecedentes de la autogestión a nivel mundial, el director del Programa facultad Abierta señaló: “Al proceso de transformación de una empresa privada a una colectiva se lo puede ver en el origen del cooperativismo de Inglaterra a principios del siglo XIX, en la Revolución Rusa, en Cataluña durante la Guerra Civil, etcétera. En el Tercer Mundo también hay muchos ejemplos. En Argentina, por ejemplo, hubo muchas tomas de fábricas, pero no mucho proceso de autogestión”.

“La clave es el momento histórico y el marco en que se dan los procesos. No es lo mismo un marco revolucionario, que una situación como la de la crisis del 2001 o el actual estado en Europa. Son diferentes circunstancias donde los procesos pueden ser parecidos o no. Algunos son procesos de resistencia y de tratar de sobrevivir de manera creativa y autogestionaria  y otros son intentos por dar vuelta totalmente la estructura económica y social de un país”, diferenció.

Finalmente, Ruggeri dio cuenta de algunas de las características específicas del movimiento de empresas recuperadas de la Argentina: “Tiene una gran diferencia respecto al resto de las expresiones sociales que surgieron en esa época: son un medio de vida. Los trabajadores se organizan, más que nada, para conservar su trabajo. Eso lo hacen autogestionando la misma empresa en la que trabajan. Después hay muchos problemas y dificultades, pero eso forma parte de esa solución que el mismo Movimiento tiene. No es solamente un movimiento social clásico y típico que tiene un objetivo y luego se desarma. Lograr el objetivo es la garantía de su supervivencia como movimiento”. 

“Esa es una de las cuestiones que quizá los partidos de izquierda trotskistas no entendieron en su momento, planteando consignas abstractas sacadas de programas históricos internacionales y tratando de aplicarlos a como dé lugar. Al final, todos, inclusive Zanón, hicieron los mismos pasos: formaron una cooperativa para tener forma jurídica para comprar y vender y luego reclamaron la expropiación a través de una ley”, detalló el antropólogo desde los micrófonos de Radio Arinfo.

 


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