Laura Devetach, un símbolo de la literatura infantil argentina

La autora repasa su carrera. El recuerdo de la prohibición de los militares, sus costumbres a la hora de escribir y la actualidad del género en el país





En la actualidad, la prestigiosa escritora Laura Devetach dedica sus días a la escritura de poesía. Sin embargo, en las últimas décadas, ha sido reconocida por su gran cantidad de cuentos para chicos.

“Yo veo las cosas de determinada manera y quiero traducirlas. Eso hago con la poesía, es una manera de comunicación. Es algo que me sale: anoto algo en un papel y lo guardo. Tengo como 8 mil libretas desparramadas”, confesó la multipremiada escritora.

Devetach contó a “La Fábrica de cuentos” en RadioSofía que en la actualidad está haciendo “un rejunte” de sus libros y que estima que tiene unos 60 publicados.

“Creo que mi obra no ha sido tan leída, creo que no se conoce del todo. Según las coyunturas político-sociales-culturales, es increíble lo que pasa. De pronto, reflota un cuento. Luego, otro del mismo libro. Hay cuentos de los que nadie me pregunta nada nunca y eso me extraña. Pero la gente se motiva mucho con las cosas que pasan y busca en los cuentos ese tipo de temáticas”, sostuvo la autora nacida en Santa Fe y precisó que, en la actualidad, “La torre de cubos” es uno de sus cuentos más buscados, por el abordaje que realiza de temáticas como la diversidad y la discriminación.

Precisamente, ese fue el cuento que le valió ser prohibida por la dictadura militar a finales de la década del 70’: “Yo decía en esos cuentos que la gente no tiene que tener hambre, que tenemos que ser más iguales. Fue muy extraño cómo los prohibieron, fue un trabajo de inteligencia de los militares. Ya había problemas antes de la dictadura porque en los distintos ministerios de Educación había gente que marcaba ciertos libros o personas y ahí caí yo, junto a mucha otra gente”.

“Había tomado la decisión de venir a Buenos Aires  y justo salió la prohibición nacional.  Las críticas eran por ‘exceso de imaginación’. Si hoy uno lee el decreto se ríe, porque era absurdo. Yo seguí escribiendo igual, pero no podía publicar. Las editoriales tenían reglas”, agregó.

Al ser consultada sobre cómo pudo continuar con su carrera a pesar de la prohibición, Devetach reveló: “Entré a trabajar como freelance en Billiken. Si bien la editorial Atlántida, era afín de la dictadura, la revista era como una isla. Había un equipo de gente muy bueno. Yo llevaba la página de lengua.  Sin decirlo, despacito, fui publicando los cuentos de “Monigote en la arena”, que recibió el premio de las Américas en 1975. Fue una paradoja que eso saliera allí”.

A pesar de los avances tecnológicos, la escritora sigue realizando su tarea a mano y asegura que en su cabeza nunca tiene un cuento terminado, es decir, nunca se imagina la historia de principio a fin antes de sentarse a redactarla.

“Escribir es como una gallina que está por poner un huevo. Tiene su momento de evolución hasta que el huevo está listo. Ella se pone inquieta, empieza a buscar dónde y cómo. Luego, cacarea y lo pone. Pero otras veces es distinto. Según los temas y las épocas, a mí se me van ocurriendo ideas. Generalmente, armo personajes y ‘robo’ de las calles o las plazas. Los voy pensando, los voy vistiendo, los voy poniendo en algún lugar y les doy un espacio. Pienso en qué marcó los presento, cómo son, etcétera. Cuando uno sabe todo eso, sale el cuento”, recalcó.

Devetach aseguró desde los micrófonos de RadioSofía que nunca escribió por encargo “porque es un condicionamiento muy grande” y espuso una mirada crítica de la Literatura infantil argentina.

“Es algo que se está gestando. Tengo la impresión de que hay cosas buenísimas, con la incorporación de los plásticos y de dibujantes, pero también hay problemas con los textos. Hay mucha gente que no se deja madurar, que está muy apurada por publicar. Como a veces responden a ciertos temas que están de moda y que las editoriales piden, falta un poco de ‘carne’, de solidez. Cuando uno escribe, siempre está influido por alguien, hay una cultura detrás. Pero hay influencias que se maduran y se procesan y otras que se cortan y pegan. Hoy hay mucho de eso último: hay falta de garra en las tramas, en la narratividad”, consideró.

Y, finalmente, opinó sobre la proliferación de ilustradores que lanzan sus propios libros: “Muchos se plantean el género ‘cuento’, pero no trabajan la parte narrativa, el cómo se hace para escribir. El dibujo estará hermosísimo, pero la parte narrativa afloja mucho y es una pena. Pero igual es muy bueno que un dibujante pueda hacer sus propios libros. Cuando se da todo, es realmente hermoso”.

Escuchá "La fábrica de cuentos"  los lunes de 19 a 20 hs. por www.radiosofia.com.ar


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