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Luna Creciente: equinoterapia para ayudar a quienes más lo necesitan

Se trata de un centro que atiende a chicos con distintas discapacidades a través del contacto con el animal y en un lugar pleno de armonía por su majestuosa naturaleza





En el centro de la localidad de Bragado, a 110 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires por la ruta 5, existe un predio de 500 hectáreas donde se encuentra una laguna municipal. Son 350 hectáreas de agua y 150 de parque. Allí, en una porción de casi 8 hectáreas cedidas por la Municipalidad, se ubica hace 14 años el centro de hipoterapia Luna Creciente.  

“Nosotros le sacamos muchísimo provecho al espacio porque estamos en un lugar maravilloso. Estamos rodeados de la naturaleza que el hombre tanto golpea y maltrata, pero nosotros tratamos de valorizarla. Nos sirve como herramienta de trabajo porque está llena de colores, sonidos y olores”, contó Daniel Bertora, creador del centro.

Para que un chico pueda concurrir a realizar allí sus actividades de equinoterapia, primero debe presentar documentación, habilitaciones médicas y el certificado de su médico de cabecera.

“No hay ninguna patología que no pueda realizar la actividad de montar un caballo, pero hay patologías asociadas a determinadas discapacidades que generan un impedimento. De eso nos tenemos que enterar. Tenemos que saber si la persona convulsiona, si hay una lesión de cadera, si ha sido operada, etcétera. Una vez habilitada la persona para la terapia, apuntamos al potencial residual. La patología está y, en la mayoría de los casos, son situaciones irreversibles. Nosotros creemos en los milagros pero sabemos que, generalmente, son personas que van a  transitar toda su vida de esta manera. Entonces, apuntamos a que siempre hay un potencial residual explotable, sea mínima o severa la patología”, recalcó el coordinador de Luna Creciente en diálogo con “Integrados desde Argentina al mundo” por Radio Arinfo.

Respecto a las técnicas que se aplican en la labor diaria, Bertora precisó: “Tratamos de que la persona se vincule con el espacio y con el lugar desde la entrada. Desde ir a buscar su propio caballo o traer dos. Tratamos de que los asistentes se complementen: lo que uno no puede hacer, lo hace el otro. Salimos de la situación de ‘asistido’ para que sean ‘asistentes’. Eso valoriza a la persona, levanta su autoestima y genera camaradería y amistad. Hay que mirar lo que no puede hacer el compañero o amigo y ayudarlo”.

“Acá no hay caballos encerrados. Están a campo. Se ensucian con el barro en las salidas y después cada uno lo cepilla. Les crece el pelo en invierno por el frío y en verano se ponen de pelo corto. Se trata de vincularse con el caballo de la forma más natural posible. Para eso se usa solo una sudaderita, una o dos matritas y un cinchón con manija”,remarcó el especialista.

Actualmente, Luna Creciente cuenta con 16 caballos. Muchos nacieron allí y fueron amansados por Bertora. Muchos chicos que van a hacer sus terapias, incluso, les dieron la mamadera de potrillos.

“Nosotros no domamos, nos amigamos con los caballos. Por eso no nos ven como peligro o un depredador, sino como  un amigo. A pesar de que lo que proponemos es antinatural, tratamos de que el animal disfrute tanto de la actividad como nosotros. Eso les transmitimos a los chicos: les decimos que palmeen y agradezcan a su amigo el caballo por el servicio que le presta. No queremos que se pierda el vínculo. Inculcamos el respeto por todo lo que nos rodea”, remarcó el coordinador del centro, que hoy trabaja también con su mujer y su hija.

Más allá de la importancia del contacto con la naturaleza y del vínculo afectivo con el caballo, en Luna Creciente no se dejan de lado los principios de la equinoterapia como el trabajo sobre el movimiento, sobre el control del eje cabeza-tronco, las técnicas y los objetivos pedagógicos, posturales y estimuladores de determinadas partes del cuerpo.

“Cuando comenzamos con esto, soñábamos que algo así iba a pasar y hoy estamos encaminados Esto es algo saludable para nosotros. También es importante el vínculo con las familias. No se trata solo del jinete o de la persona que viene a montar. El predio invita a quedarse, a tomar mate. Así siempre surgen charlas y conversaciones”, finalizó Bertora desde los micrófonos de Radio Arinfo.

 

 


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