Centro Ana Frank, un espacio para la memoria y la inclusión

Se trata de un lugar para la educación de la memoria. Desde allí, se busca enviar un mensaje positivo y de esperanza





 El Centro Ana Frank de Buenos Aires nació hace cinco años y, según sus creadores, “es una porción de Holanda en Argentina”, en referencia al país donde vivió la joven perseguida y asesinada por el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.

“El nacimiento de esta fundación tuvo que ver con la voluntad de hacer de la historia de Ana Frank, que fue una sola persona pero que representa a muchas,  un aprendizaje de la memoria, que es lo que nos enseña el pasado para definir y construir un presente”, explicó Silvina Chemen, rabina de la comunidad Bet el.

En ese marco, recordó lo que debió a travesar la jovencita que vivía en Amsterdam junto a su familia: “Ella fue perseguida por lo que era, no por lo que hacía. En su caso, ella era judía, pero en realidad representa a tantos otros que son perseguidos, marginados, discriminados, ignorados, maltratados y excluidos por su condición, cualquiera sea ella, cuando hay un poderoso que define que esta no sirve”.

“Este espacio es un centro para una pedagogía de la memoria. A través de la historia de Ana Frank y del nazismo, también recorremos la peor tragedia a nivel argentino, que fue la última dictadura militar, y también otras historias de diversidades, discriminaciones y exclusiones  para transformarlas en una pedagogía de la convivencia”, precisó Chemen en diálogo con “Sintonía educar” por RadioSofia.

Al ser consultada sobre la respuesta que han obtenido por parte de la comunidad educativa con esta propuesta, la rabina sostuvo que ha sido “una grata sorpresa”.

“Cuando abrimos este centro, de repente nos quedamos sin agenda. Recibimos a escuelas de capital, de provincia y también del interior, que vienen especialmente para visitarnos. Nosotros ofrecemos espacios positivos y con mensajes de esperanza. Vienen docentes que creen en eso y que son parte de una red que camina hacia el mismo horizonte. Los que vienen por primera vez, luego vuelven con otros cursos o escuelas”, remarcó.

El Centro Ana Frank también cuenta con un instituto de capacitación para docentes y realiza encuentros de escuelas en la diversidad.

“Cuando se arma este código con chicos, adolescentes, docentes y directivos, nos damos cuenta que somos muchos en este país los que creemos en esto. No podríamos existir si no fuera por todos los que vienen y se contactan con nosotros”, destacó la rabina.

Chemen también aseguró a RadioSofía que “la exclusión no debe ser permitida en ningún aspecto de la tarea. Estamos en Buenos Aires y no debemos olvidarnos que hay escuelas, pueblos, situaciones sociales y distancias que no permiten llegar a nosotros. Entonces, tenemos que ir hacia ellos con una puesta itinerante”.

Es por eso que el Centro se ha convertido en un ejemplo ya que es un espacio de accesibilidad total para cualquier discapacidad o disminución.  Todos sus videos incluyen lenguaje de señas y están subtitulados. Tienen una muestra para jóvenes ciegos y cuentan con guías hipoacúsicos. También ofrecen un ascensor para la libre accesibilidad de visitantes en sillas de ruedas y brindan una guía especial para chicos con disminución cognitiva.

“Todos tienen derecho a tener absoluto espacio en un lugar que tiene que ver con los derechos humanos, la convivencia y la inclusión”, concluyó.


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